Mi teléfono celular vibró y al mismo tiempo eructó un tonillo simple que anunciaba el arribo de un nuevo mensaje de texto. Saqué el aparato a desgano, al leer el mensaje me quedé sin habla; no me vi pero seguro me torné amarillo y los labios se me pusieron blancos.
El mensaje decía: “Tengo mareos y vómitos y no me ha bajado…no es necesario explicarte mas”
Ahhhhh!! Inmediatamente me enderecé y di un salto loco de la cama, aventé las cobijas y corrí al baño dando tumbos en la oscuridad, tirando berridos, gritando cosas indescifrables y sin sentido, sentía que mi vejiga explotaba dada la exagerada orina acumulada.
Oh yeah….chorro potente y de propiedades sedativas! Bendito seas! Me empecé a reír por las pesadillas derivadas de una necesidad fisiológica urgente.
-No vuelvo a acompañar mi cena con agua de tamarindo!-, Pensé. Pero viéndolo bien que bueno que tomé tamarindo, si no, quizás la pesadilla hubiera continuado más y el daño neuronal hubiera sido de consecuencias funestas para mi débil equilibrio mental. Ahora voy a tener que tomar agua de tamarindo para cortar de tajo esas espantosas y espeluznantes pesadillas…no tengo otra solución que se me ocurra por el momento.
Fui a checar mi celular, no sin cierto temor… no vaya ser que en realidad ese mensaje sí llegó y por alguna razón confundí todo en medio del vendaval de locura…
Pero me acordé que yo ni tengo celular.
